Gracias.
Por estar ahí cuando lo he necesitado.
Por dejarme estar para siempre en tu recuerdo.
Gracias.
Por estar ahí cuando lo he necesitado.
Por dejarme estar para siempre en tu recuerdo.
Gracias por darme un soplo de vida,
por regresarme a un mundo que he dejado,
por levantare del suelo, por tocar el cielo,
por probar de ti el sabor dulce del pecado.
Por eso gracias.
Por venir de lejos, por estar tan cerca,
por seguir aquí y en todos lados,
por ser la sombra que acompaño,
por ser yo mismo entre tus brazos.
Gracias.
Por dejarme despertar en tu regazo,
por dejarme junto a ti, sordo, ciego, acurrucado.
Gracias por eso.
Por ser tú conmigo. Por darme un sueño no soñado.
Por dejarme tomarte de la mano
y saber a qué sabe tu letargo.
Por dejarme estar en tu caricia,
por hacerme realidad la fantasía y
acercarme tanto a las estrellas.
Gracias por quitarme el sueño,
por darme vida, dejarme hacerte mía.
Gracias por darme una vida que extrañaba,
por estar ahí, conmigo,
reviviendo un yo que muerto estaba.
Gracias a quien permitio en mi poeta favorita reiniciar a escribir que ya muchos te extrañamos... cuidate Josh y que Dios te bendiga siempre y te colme de bendiciones por estar llenando de luz la literatura que nace del alma y se irradia en quienes te admiramos.