Los amantes que no se tocan
mueren un poco cada día.
El escalofrío de los silencios prolongados
les eriza la piel y un sudor frío
perla sus cuerpos que sin caricias agonizan.
Los amantes que no se tocan
mueren un poco cada día.
El escalofrío de los silencios prolongados
les eriza la piel y un sudor frío
perla sus cuerpos que sin caricias agonizan.
Los amantes que no se ven
van perdiendo la vista poco a poco.
Sus pupilas se acostumbran
a buscar entre la gente y a no encontrar a nadie
y poco a poco dejan de ver, hasta que su mirada lánguida
pasa a través de los cuerpos y la cosas
llegando a tocar el horizonte.
Los amantes que no se besan
poco a poco se marchitan.
Van errando tratando de dar en otras bocas
los besos que, acumulados por millares: dos, tres,
cuatro y hasta diez o treinta por día;
llevan estancados en los labios.
Los amantes que no se hablan
poco a poco se van quedando sordos, mudos o ambos.
Se acostumbran a mirarse fijamente
sin decirse nada y cuando sus miradas se descubren mutuamente,
no hay palabras que puedan recordar
y sólo aciertan a sonreír.
O bien, se acostumbran a no escuchar nunca nada
una palabra, un saludo, una palabra, una ternura.
Y terminan escuchando en su interior
las palabras que no atrapan sus oídos;
y ya no atienden, y ya no escuchan.
Y voy por el mundo errando cargado con los besos
que no he de darte, perlado del sudor de la impaciencia,
mirando sin mirar el horizonte,
callado e imaginando tus palabras.
Deseando que tú estés en las mismas condiciones.
Solo dire... es verdad. y tu poema refleja el sentir de los amores que irradian mi corazon lastimando desde lejos con su ausencia de caricias mi alma... Sigue escribiendo para poder traducir en palabras mis emociones...